NI ORO, NI INCIENSO, NI MIRRA: LOS TRES REYES MAGOS CUANDO EL CARBÓN GOBIERNA
- carmenenid
- hace 2 días
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Por Eliseo Colon Zayas
Presidente
Fundación Periodismo 21
En Puerto Rico, ya no se puede creer ni en los Reyes Magos. No obstante, hay muchos que siguen creyendo con una fe ciega y conmovedora en ese ente abstracto que todo lo ve, todo lo legitima y nunca se equivoca. Ellos creen en Washington, en el mercado, en la Junta, en la “institucionalidad”, en el rating, en el algoritmo. Saben muy bien que no existe, pero aun así actúan como si existiera. El PNP gobierna en ese “como si” que sostiene la realidad, aunque la fantasía está rota.

Este año, los Reyes no traerán carbón a los políticos. El carbón, como siempre, quedará del lado de quienes pasan frío y no tienen nada. Los Reyes Magos traen al liderato PNP carbón ideológico, que no es otra cosa que la versión premium del carbón para quienes gobiernan administrando la contradicción como virtud y extrayendo goce de ella. Porque en este tipo de administración no hay cinismo, pero sí disfrute. Es el goce de firmar, de prohibir, de ordenar cuerpos que el gobierno PNP no controla soberanamente, pero sí puede regular simbólicamente.
Los Reyes Magos no le dejarán a Jenniffer González carbón, sino algo peor: le darán un espejo que no devuelve imagen. En él no aparece un sujeto político; aparece una coreografía. La gobernadora no gobierna, sino que performea gobernabilidad; por eso quiere jugar al mismo son que Maripily. Firma leyes en domingo como si fueran actos litúrgicos en los que se invoca a santos, a la transparencia y al “orden”, mientras la lógica se suspende. No es una contradicción, es su gestión avanzada del absurdo.
En el arte de gobernar de JGo no hay cinismo; lo que hay es obediencia a una fantasía. La de una isla de la fantasía, Puerto Rico, que puede ser administrada como si no fuera colonia, como si el poder no estuviera siempre en otra parte. En JGo, el feminismo no es consigna, sino una ironía brutal. El PNP vende liderazgo femenino mientras reproduce la matriz patriarcal colonial más clásica de una mujer en el cargo, pero sin soberanía sobre el cuerpo político. Juega al empoderamiento simbólico como si fuera una Maripily, pero con obediencia estructural arrodillada ante el Gran Otro encabezado por Trump y su Doctrina Don-Roe. Ojo, JGo, que tus tacas pisan terreno minado.
A Thomas Rivera Schatz los Reyes le dejarán un martillo que hace ruido incluso cuando no golpea. Es el objeto perfecto para un poder que no decide, sino que escenifica. Cada golpe, como siempre, resonará en titulares de Pelota Dura y en Facebook como gestos que generan la ilusión de acción. Por ello, aplaudimos al prestidigitador de un acto en el que todo ocurre, aunque nada pase. El Senado de Puerto Rico se ha convertido en un teatro kabuki, donde el grito sustituye al argumento y la ley es apenas un pretexto para el performance del mando PNP. Por algo, Rivera Schatz encarna al capataz ejemplar, duro con los suyos, pero leal con el amo ausente. El colonialismo ya no necesita virreyes; tiene gerentes con micrófono.
A Carlos Johnny Méndez le darán una brújula que siempre apunta al centro, aunque el centro no exista. Consenso, diálogo y equilibrio son palabras que en la colonia significan dilación y atraso. Es el arte de gobernar sin mojarse, de administrar la calma mientras el agua entra por la puerta. El regalo ideal para un poder que confunde la moderación con la neutralidad y la prudencia con la inercia.
El PNP se envuelve en un discurso de orden, familia, protección, mientras legisla sobre cuerpos ajenos con una delicadeza hipócrita. No se trata de moral. Se trata de biopolítica colonial. Una colonia que no controla su economía ni su territorio intenta, al menos, controlar úteros, deseos, identidades y decisiones reproductivas. La mujer aparece como símbolo, nunca como sujeto político pleno. El cuerpo femenino es campo de batalla moral, pero jamás territorio de decisión. Colonialismo y patriarcado siempre han ido de la mano, pero en Puerto Rico ambos se maquillan mejor. Con este maquillaje, lo que encontramos es que en el Puerto Rico PNP la biopolítica roza la necropolítica, puesto que no se mata directamente, sino que todo se deja morir para “un Puerto Rico sin puertorriqueños”. Se administra la vida mientras se naturalizan la precariedad, el éxodo y el cansancio.
¿Y el carbón? El carbón verdadero no está en manos de los Reyes. Está en el aire. Es la ceniza de una política que se quema a sí misma mientras proclama estabilidad. Es la fake news institucionalizada, que no es otra cosa que la mentira burda, la mentira elegante, con firma oficial y foto bien encuadrada.
Por contraste —y sólo por contraste— Juan Dalmau recibirá de los Reyes Magos un reloj sin manecillas. No porque sea perfecto, sino porque no corre al ritmo del espectáculo. Y Pablo José Hernández recibirá un bonsái, ya que es algo vivo, cuidado, pero estructuralmente limitado. Ambos existen para recordarnos que el problema central no es el carácter, sino el régimen colonial.
El PNP, en cambio, recibirá lo que mejor sabe usar: los síntomas. Porque en Puerto Rico ya no gobierna un partido. Gobierna una fantasía colonial sostenida por rituales, selfies, domingos sagrados y una Santa Federal guiada por Trump, que nunca responde el teléfono ni llama a JGo para decirle que va a invadir Venezuela.
Como buenos niños coloniales, seguimos dejando yerba cada 5 de enero a los Reyes Magos, esperando que el 6 de enero nos traigan algo más que carbón. La realidad es que el carbón ya está en el poder. Tal vez el problema no es que los Reyes no lleguen, sino que seguimos escribiéndoles cartas como si alguien las leyera. El día en que dejemos de creer que Washington, la Junta o un algoritmo nos van a salvar, tal vez no caigan milagros del cielo. Pero sí, puede empezar algo más incómodo y necesario, como hacer política sin tutelas y sin aceptar que el carbón sea nuestro único destino.






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