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Análisis

2025: SIN LÁTIGOS NI UNIFORMES NEGROS, UN 'REALITY SHOW' DEL FASCISMO BORICUA

Eliseo R. Colón Zayas

Presidente Periodismo Siglo XXI


Pasolini filmó Salò para advertirnos que el fascismo moderno no grita. Sonríe, no se impone. Administra, no se oculta. Por ello, en Puerto Rico se televisa en Pelota Dura, El Guitarreño o en YouTube. En Puerto Rico, el guion se ha adaptado con éxito. Hay domingos sagrados, leyes morales, discursos de orden, y una ciudadanía tratada como figurante. La diferencia es mínima pero crucial. En Salò, sabíamos que asistíamos a una película. En Puerto Rico, el reality show insiste en llamarse gobierno, el gobierno de Jennifer González y Thomas Rivera Schatz.


Todo este año, en distintos rincones del mundo, se conmemoró la muerte de Pier Paolo Pasolini, escritor y director de cine italiano, asesinado en las afueras de Roma el 2 de noviembre de 1975, a los 53 años. Una fecha que, como todo en Pasolini, es cronológica y, a la vez, ética: marca el punto en que el cuerpo del intelectual incómodo es castigado por decir demasiado, por mirar de frente al poder cuando el poder prefería el silencio.


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De mis años universitarios de bachillerato en Pittsburgh, recuerdo ver La pasión según San Mateo (1964) y Teorema (1968). Las vi con los ojos de quien reconoce algo extraordinario, aunque todavía no esté listo para dejarse arrastrar por la radicalidad moral del autor. Pasolini siempre exige un segundo visionado, uno menos inocente. Pero no es de esas películas de lo que quiero hablar hoy. Quiero conmemorar a Pasolini desde su obra más insoportable, más incómoda y, por eso mismo, más vigente: Salò o le 120 giornate di Sodoma (1975).


Medio siglo después, Pasolini no descansa. ¡Reaparece! No como homenaje académico ni como retrospectiva de cinemateca, sino como guion involuntario de la vida pública puertorriqueña. Porque cuando uno mira con detenimiento este primer año de gobierno de Jenniffer González, del Senado y la Cámara PNP, con Thomas Rivera Schatz en rol estelar, es imposible no sentir que Salò o le 120 giornate di Sodoma dejó de ser una película incómoda para convertirse en un reality show kitsch, tropicalizado, con banderas, biblias y boletines de prensa, con fechas litúrgicas cuidadosamente escogidas y personajes que parecen salidos directamente del guion pasoliniano. Entre Jenniffer González y Thomas Rivera Schatz, al igual que en Trump, el fascismo ya no necesita botas ni uniformes: le basta con leyes, domingos y comunicados de prensa.


Temporada 1: El poder como espectáculo moral y el cuerpo disciplinado


En Salò, los jerarcas fascistas organizan su dominio como un ritual: todo tiene reglas, ceremonias, tiempos precisos. En Puerto Rico, el calendario cumple la misma función. Las fechas no son accidentales, son parte del guion. Pasolini entendió que el fascismo no empieza en el Estado, sino en el control del cuerpo. Por eso Salò es una pedagogía del castigo. Puerto Rico 2025 no se queda atrás.


Primer Episodio: Ley 14-2025, la fe como coartada y licencia


Año 2025. Se consagra la Ley 14, titulada, con ironía pasoliniana, “Derecho Fundamental a la Libertad Religiosa”. El nombre promete libertad; el contenido administra exclusión. Empleados públicos, personal de salud, docentes: todos habilitados a negar servicios a personas LGBTQ+ si así lo dictan sus convicciones religiosas. El Estado no discrimina, simplemente “respeta creencias”. En Salò, los señores también decían respetar reglas: las suyas. En Puerto Rico, la fe opera como salvoconducto moral para institucionalizar la negación de derechos. No es inquisición. ¡Es procedimiento!

Bajo el elegante título de “Derecho Fundamental a la Libertad Religiosa”, la ley abre la puerta para que empleados públicos nieguen servicios a personas LGBTQ+ alegando convicciones religiosas. El Estado ya no garantiza derechos: autoriza discriminaciones con sello oficial. En Salò, la humillación se justifica como moral. ¡En Puerto Rico también!


Segundo Episodio: 17 de julio de 2025, el cuerpo trans como delito


El 17 de julio de 2025, fecha precisa, como todo buen ritual fascista, se firma la ley que prohíbe tratamientos de afirmación de género para menores trans. El cuerpo vulnerable se convierte en escenario penal. Médicos criminalizados, penas de hasta 15 años de cárcel, multas de $50,000, licencias revocadas. En Salò, el cuerpo es objeto de castigo ejemplar; aquí es objeto de moralización punitiva. No se protege al menor, e escenifica el control. El fascismo siempre dice que “es por tu bien”.


La prohibición de tratamientos de afirmación de género para menores trans criminaliza médicos, persigue saberes científicos y convierte el cuidado en crimen. No es protección: es castigo ejemplarizante. En clave pasoliniana, el mensaje es claro. Hay cuerpos que no merecen existir sin permiso.


Tercer Episodio: 14 de diciembre (domingo), el aguinaldo colonial


Domingo 14 de diciembre. En plena Navidad, Jenniffer González entrega su aguinaldo político. Entrega su “regalo” político un domingo, en plena antesala navideña. No fue un bono ni un gesto de reconciliación. Fue algo más coherente con la tradición colonial: firmar enmiendas a la Ley 141-2019, esa Ley de Transparencia que nació como promesa ciudadana y fue rebautizada, sin rubor, como rito de iniciación al laberinto. Lo que nació como conquista ciudadana se transformó en rito de iniciación al laberinto burocrático. Acceder a información pública ya no es un derecho, sino es una prueba de resistencia. En Salò, el banquete nunca alimenta; disciplina. Aquí, la transparencia no ilumina; cansa, retrasa, desalienta. Gobernar es administrar la paradoja sin culpa.


En Salò, los verdugos no se esconden. Convierten la contradicción en norma. Aquí ocurre lo mismo. Gobernar consiste en administrar la paradoja sin culpa. Transparencia que restringe, acceso que se penaliza, democracia que se ejerce por exclusión.


Cuarto Episodio: 21 de diciembre (domingo), consagración del feto ciudadano


El domingo 21 de diciembre se transmitió otro episodio clave del reality institucional. Se asistió a la consagración del feto ciudadano como figura jurídica plena, firmada, cómo no, en día santo. No fue un error de calendario, fue método. En la lógica dominical del poder, el pensamiento crítico no labora y la fe funciona como sustituto de la razón. Así, una entidad que todavía no existe puede adquirir derechos, mientras cuerpos existentes —mujeres, personas trans, ciudadanos que reclaman información pública— los pierden con impecable orden administrativo. No es contradicción: es coreografía pasoliniana. En Salò, los señores del poder también jugaban a invertir la lógica; aquí se hace con membrete oficial y bendición incluida.


La invocación de San Ramón Nonato no fue exceso piadoso, sino coherencia simbólica: el santo del nacimiento excepcional legitima una ley igualmente excepcional, no por su ética sino por su suspensión de toda racionalidad. El cuerpo femenino queda reducido a soporte logístico del Estado, una incubadora ontológica sin agencia política, mientras la ley se convierte en fetiche moral que importa más por lo que silencia que por lo que enuncia. Como en Salò, el ritual no busca convencer sino habituar. Con el gobierno del Jenniffer González y Thomas Rivera Schatz el absurdo se vuelva norma, que el domingo legisle lo que el lunes nadie logra desmontar, y que el fascismo, una vez más, entre sin anunciarse, esta vez, vestido de devoción.


Quinto Episodio y Final de temporada: Nochebuena, certificada…y celebrada en Salò


Y como todo buen reality, el clímax llega en fecha simbólica. Víspera de Nochebuena. Mientras la ciudadanía celebra, la OGPe certifica cumplimiento ambiental para el megaproyecto Esencia en Cabo Rojo, un desarrollo turístico-residencial de enorme escala que ha generado protestas, objeciones técnicas y advertencias de impacto ecológico por parte de comunidades y expertos. 


Pero claro, en Salò, los banquetes ocurren mientras el horror se normaliza. Aquí, la Navidad funciona como cortina sonora: pasteles, aguinaldos… y permisos exprés.


Porque no fue un gesto de reconciliación ni un regalo de bondad gubernamental. Fue una certificación publicada justo cuando la mayoría del país tenía la mente lechón, arroz con gandules, pasteles, coquito y las luces navideñas y, además, muchos de los espacios oficiales donde se supone que la ciudadanía podía revisar la documentación estaban cerrados por feriado, reduciendo de facto la participación pública y el tiempo real para impugnar la decisión. 


En el guion kitsch de este reality fascista-festivo, Jenniffer González y su tropa no reparten villancicos ni abrazos, sino decretos y permisos disfrazados de tradición. Y mientras el pueblo descansa y celebra, el reloj legal comienza a correr bajo la sombra de una temporada donde lo festivo y lo autoritario se entrelazan hasta provocar escalofríos, como si el espíritu de Salò hubiese decidido enviar un mensaje navideño: la perversión del poder se viste de fiesta para pasar desapercibida, y el aplauso social suena como villancico en un salón de torturas.


El reality show fascista


Salò Puerto Rico no necesita látigos ni uniformes negros. Tiene micrófonos, conferencias de prensa, comunicados “responsables”. González y Rivera Schatz no son caricaturas: son personajes funcionales, administradores de un orden moral que se presenta como sentido común. El fascismo, como sabía Pasolini, no se anuncia como tal. Se normaliza. Se vuelve cotidiano. Se vuelve trámite.


Por eso Pasolini incomoda todavía. Porque Salò no habla del pasado: habla del presente cuando el poder decide que el cuerpo ajeno, la información pública y los derechos civiles son material maleable. Puerto Rico, en 2025, no está viendo Salò: lo está transmitiendo en episodios semanales, con fechas simbólicas, estética kitsch y un fondo profundamente autoritario.

La diferencia es mínima: en la película, el horror termina con un disparo. En la colonia, continúa con otra firma.


Epílogo pasoliniano (boricua)


Pasolini filmó Salò para advertirnos que el fascismo moderno no grita. Sonríe, no se impone. Administra, no se oculta. Por ello, en Puerto Rico se televisa en Pelota Dura, El Guitarreño o en YouTube. En Puerto Rico, el guion se ha adaptado con éxito. Hay domingos sagrados, leyes morales, discursos de orden, y una ciudadanía tratada como figurante. La diferencia es mínima pero crucial. En Salò, sabíamos que asistíamos a una película. En Puerto Rico, el reality show insiste en llamarse gobierno, el gobierno de Jennifer González y Thomas Rivera Schatz.

 
 
 
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